Huracanes 2008
Apenas se les ve por las calles. Tras el paso del huracán Gustav por Louisiana, los inmigrantes hispanos, evacuados o damnificados, parecen invisibles y solo algunos pocos se atreven a volver a la normalidad.
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El nicaragüense Porfirio y el hondureño Jose son un ejemplo.
Ambos se paseaban hoy en bicicleta por el centro de New Orleans, después de que escaparon por sus propios medios del Gustav y, de alguna manera, se las arreglaron para regresar a la ciudad donde otros muchos inmigrantes latinoamericanos se mantienen escondidos.
"Nos fuimos en auto a Florida y ya estamos de vuelta, listos para trabajar", relató Porfirio, de 32 años que, como casi todos los latinos indocumentados prefiere que no se publique su apellido.
"Cruzamos sin problemas", añadió, refiriéndose a los muchos retenes militares y policiales que siguen frenando el retorno de los residentes de New Orleans que evacuaron la ciudad desde el sábado.
"Pasamos tal como cruzamos la frontera porque somos invisibles", agregó.
Buena parte de los 30.000 inmigrantes latinos indocumentados que se calcula que viven en New Orleans, prefirió refugiarse en sus casas y encomendarse a sus santos de preferencia, antes que presentarse para la evacuación organizada por las autoridades.
Porfirio tiene empleo asegurado en una "planta industrial", que no identificó. Y Jose sabe que ahora tendrá trabajo abundante en la carpintería y la construcción, actividades que lo trajeron aquí hace tres años después del huracán Katrina.
En Bank Street, donde abundan las familias centroamericanas, sudamericanas y mexicanas, había hoy una presencia mayor de personas que en el resto de la ciudad. En muchos casos, se trata de hombres que comparten una residencia, y en otros de familias con niños.
Porfirio dice que las emisoras hispanas de radio de Nueva Orleans y los municipios circundantes "dieron mucha información sobre el huracán, las medidas para prepararse, y la ayuda que ofreció el gobierno para irse a zonas mas seguras".
Jose, que parece tomarse todo con una gota de cinismo, comentó que conoce a varios latinos que marcharon el domingo hacia Baton Rouge, unos 150 kilómetros al noroeste, " y resulta que aquí, en New Orleans, el huracán no castigo mucho pero pegó duro allá".
Aurelia es una radióloga nacida en Honduras, residente legal y que trabaja en el Hospital de la Universidad estatal de Louisiana.
Ella se quedó porque tuvo turnos de emergencia, y aunque esta dispuesta a quedarse, comenta que conoce a varias centroamericanas que siendo inmigrantes indocumentadas no sabían qué decisión tomar.
"Les dije que tuvieran claras las cosas", indicó. "Si iban a moverse y no tenían transporte propio debían presentarse en los puntos que señaló la alcaldía para tomar los autobuses".
El problema con la evacuación organizada por la alcaldía es que se dio prioridad a las personas con bajos ingresos y menos medios propios. Y para probar tal calificación había que presentar documentos, dar nombres y domicilios.
Y ninguno de los grupos que abogan por los derechos de los indocumentados pudo garantizarles que esa información se usaría exclusivamente para la evacuación.
Antes de Katrina había en New Orleans pocos inmigrantes latinoamericanos, documentados o no. Y la llegada de miles de trabajadores y de sus familias exacerbó las protestas de los estadounidenses e incentivó la actuación de las autoridades de inmigración.
Si en tiempos normales los indocumentados viven atemorizados por la presencia de los agentes de inmigración cuando ocurren emergencias la situación se complica aún más.
En esta ocasión, el temor a la detención y la deportación fue mayor que la amenaza del Gustav y todavía los indocumentados prefieren mantenerse invisibles a la espera de la normalización de la situación.
Terra/EFE
