Cuenta regresiva
Los testimonios en su juicio por asesinato mostraron que José Medellín fue quien tomó la iniciativa, al agarrar a una de las dos muchachas de Houston cuando caminaban a casa durante la noche sobre un puente ferroviario.
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"¡Ayúdame Jennifer!", gritó Elizabeth Peña, de 16 años, a su amiga Jennifer Ertman, de 14.
Ese fue el inicio de un salvaje ataque de una hora de duración por parte de Medellín, entonces de 18 años, quien junto con otros cinco pandilleros violó a las muchachas y las obligó a realizar actos sexuales, antes de golpearlas y estrangularlas con un cinturón y cordones de zapatos.
Sus cadáveres fueron hallados cuatro días después, descomponiéndose bajo el sol de Houston. Para entonces, Medellín, nacido en México, ya le había presumido a sus amigos que tenía "sangre de vírgenes" en sus calzoncillos.
Medellín, ahora de 33 años, está programado para ser ejecutado el martes en Huntsville por su participación en los asesinatos hace 15 años.
Su muerte por inyección letal, la quinta de este año en Texas y la primera de dos esta semana en el estado más activo en este rubro, ha atraído la atención internacional porque los abogados de Medellín afirman que el mexicano no tuvo acceso a los recursos legales a los que tienen derecho los extranjeros de acuerdo con los tratados internacionales.
Terra/AP
