
Carmen Sánchez, una de las veteranas del curso a sus 21 años, se gana la vida como enfermera pero no descarta que estos cursos le cambien la vida. Para Harley Torres, su piel negra sumada a sus ojos verdes y a una elegancia natural hacen de ella una "chica con futuro".
"Parece que hay mucho racismo en la pasarela pero yo creo que esto es cuestión de suerte", afirma convencida esta aspirante a miss.
En las tres horas que dura esta clase de modelaje, las chicas se dan cuenta de que ser una reina de belleza no era tan fácil como pensaban. Algunas son demasiado jóvenes para vencer la timidez, concentrarse en los pasos o dejar de tartamudear en público.
"No todas serán modelos o reinas de belleza. El reto es mejorar su autoestima, resaltar lo mejor de ellas y que se quieran un poquito más", afirma Torres.
Esta ex miss y modelo profesional sabe que las niñas venezolanas ven a sus reinas de belleza como "iconos", pero reconoce que de un tiempo a esta parte son "muñequitas idénticas", con la misma nariz, pechos o mentón, obras de los mismos cirujanos.
"No quiero que se obsesionen pero muchas veces el regalo de los 15 años es una operación. Ellas piensan que el bisturí les va a solucionar la vida y ayudar a ser mejores modelos", afirma Torres.
Tras la clase, Ariela se baja de los tacones y vuelve a convertirse en empleada doméstica. Invisible tras su ropa modesta, regresa a la casa donde trabaja, donde hasta la próxima semana ensayará sus pasos de modelo, furtivamente, frente a cada espejo.
AFP