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Cuando el niño tarda en aprender

El hecho de que un niño no aprenda a leer, escribir o hacer cálculos matemáticos en un período tiempo considerado como “normal” no quiere decir que sea un retrasado. Es posible que padezca algún tipo de trastorno de aprendizaje, un problema que puede obedecer no solo a factores neurológicos sino también a cuestiones culturales, a una enseñanza deficiente o a una falta de oportunidades.

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El genio de la Física, Albert Einstein; la gran escritora de novela policíacas, Agatha Christie; el genio del cine de animación, Walt Disney; el astuto político británico, Winston Churchill; y el que fuera paradigma del éxito en el mundo de los negocios, Nelson Rockefeller, figuran en la nómina de disléxicos famosos.

El trastorno en el lenguaje que reconocieron haber padecido estos personajes en su niñez, y que les provocó sufrimientos por las burlas de que eran objeto por parte de sus compañeros de colegio, no les impidió triunfar en los ámbitos más dispares y su éxito ha sido tomado como ejemplo singular por las personas que trabajan con disléxicos para animarles a la superación.

Lectura cáluco y expresión escrita
La dislexia es uno de los trastornos del aprendizaje que se diagnostica cuando el rendimiento del individuo en lectura, cálculo o expresión escrita es sustancialmente inferior al esperado por edad, escolarización y nivel de inteligencia.

La disfasia, o pérdida parcial de la capacidad de expresión, es una de las patologías asociadas a estos trastornos, así como el déficit de atención, la dispraxia, que se manifiesta en la dificultad de articulación de palabras o frases, o la afasia, que es la pérdida completa del habla, generalmente a consecuencia de algún trauma.

El Parlamento Europeo alertó recientemente, en un documento publicado en Bruselas, de que más del 10 por ciento de los niños de los 27 países que conforman la UE sufren alguna de estas disfunciones del aprendizaje, por lo que ha solicitado a las autoridades sanitarias de los distintos gobiernos que promuevan la mejora de los tratamientos y ayudas para los afectados, que en la fase adulta pueden sufrir dificultades significativas en el mundo laboral o en su adaptación social.

La Eurocámara pide también más investigación sanitaria en la materia ya que, según subraya, sólo un tratamiento precoz, intensivo y en un entorno adecuado previene la discriminación de los niños que sufren tales trastornos.

Desarrollo emocional previo
Mucho antes de llegar a la conclusión de que un niño padece este tipo de trastornos, a los padres no deben escapárseles una serie de pautas indicadoras del desarrollo emocional previo y del pre-lenguaje, que están recogidas en los protocolos de la Asociación Internacional de Pediatría (AIP).

Según estos protocolos, a los cuatro meses el bebé tenderá los brazos para que los adultos le levanten de la cuna, y a los cinco empezará a sonreír y carcajearse. Al medio año de vida, el niño deberá descubrir el principio causa-efecto: el sonajero hace ruido cuando lo agito, y los adultos reaccionan cuando tiro algo al suelo.

Por esas mismas fechas, puede que muestre indicios de celos si ve coger en brazos a otros bebés, empezará a recelar de los desconocidos, volverá la cara cuando no tenga hambre y mostrará su frustración cuando no consiga hacer lo que quiere, por medio de llantos o balbuceos.

A los ocho meses, el bebé pronuncia su primera palabra, por lo general, y las primeras frases entre los 18 y los 24 meses.

Reportajes EFE

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